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Polistes dominula, avispa papelera.

Entre los no pocos invertebrados introducidos al país, que han llegado a nuestra ciudad, se encuentra la llamativa avispa Polistes dominula, de origen europeo, y que se conoce vulgarmente como "avispa papelera" o "papelera" a secas.


Este apodo se debe que fabrican su nido con una especie de papel, fabricado por ellas mismas, con el que construyen una serie de celdas, adosadas unas a las otras, y que no suele ser muy grande. Este nido es construído por las avispas fundadoras, que son las únicas que sobreviven al invierno. Todas las demás morirán al fin del verano. Una de estas avispas sobrevivientes, que fueron fecundadas el verano anterior, se convierte en reina, y es la única que pondrá huevos en las celdas. De estos primeros huevos nacen sólo avispas obreras, que son las encargadas de construir más celdas, en las que nacerán -avanzada la temporada- avispas machos y hembras. Éstas se aparearán, luego de lo cual los machos morirán (como las obreras) y únicamente sobrevivirán  para hibernar las hembras fecundadas.

Nido de Polistes. Imagen de la web. Créditos en la imagen.
Las papeleras no son avispas agresivas, por lo general ni aun cuando se les molesta. Pero son muy voraces, y suelen comer gran cantidad de larvas y pequeños insectos. Es un poco impactante ver cómo se comen las larvas de mariposa, las que muchas veces son más grandes que ellas, prácticamente vivas.


Aunque aquí no las hay, y por tanto no se dá ese problema, en otras regiones del país donde está presente la avispa "Chaqueta amarilla", Vespula germánica, suele ser confundida con la papelera. Pero lo cierto es que, con un mínimo de atención, se pueden advertir de inmediato dos claras diferencias. Una es que las antenas de la papelera son siempre amarillas, en tanto las de la chaqueta amarilla son negras, y la otra es que, al volar, las patas de la papelera cuelgan libremente hacia abajo, en tanto la Vespula las lleva recogidas.
Comparativa. Imagen de la web.

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Avispas parasitoides

En nuestros jardines habitan muchos insectos que no conocemos, que quizá nunca hemos visto y que ni siquiera imaginamos. También, pasan allí, entre nuestras plantas y flores, muchas cosas sorprendentes, siendo no pocas de ellas terribles y crueles, a vista de la humanidad.

Por ejemplo, hoy me encontré con una hermosa abeja Megachile, libando en una flor de cactus Opuntia monacantha, de ésos cactus que nos recuerdan a las tunas, en el aspecto y en los frutos que producen.

La abeja se sumergía feliz entre los numerosos estambres que estas flores tienen, llenándose de amarillo polen, mientras bebía el néctar. Tantos son y tan largos los estambres de esas flores, que la abeja de pronto se perdía entre ellos, y no podía ni siquiera ver lo que sucedía cerca de ella. 


Entonces, apareció "la mala de la película", una pequeña avispa, tan pequeña que no era más grande que una pata de la abeja, y se lanzó en picada contra su blanco lomo. La abeja, asustada como cualquiera al que le caiga algo sobre la espalda (y más si es algo vivo), se revolcó contra la flor para sacársela de encima, y luego voló lo más lejos posible. La avispa, en tanto, se posó en la flor, se sacudió un poco, y volvió a volar cerca de las flores, esperando la llegada de otra abeja.


Alguien se preguntará ¿pero qué es lo que pasó? ¿por qué la avispa hizo eso? La respuesta es que esa avispa pequeñita es un parasitoide. Un parasitoide es algo parecido a un parásito, pero tiene una gran diferencia: los parásitos viven dentro de otro ser vivo, pero no lo matan. En cambio, los parasitoides entran en su víctima, viven dentro un tiempo, y luego la matan.

Lo que hizo la avispa fue dejar encima de la abeja un huevo suyo, pegado sobre los "pelos" del lomo. Cuando la abeja llegue a su nido, donde ha puesto sus huevos en celdas llenas de polen, para que se desarrollen y crezcan, el huevo de la avispa quedará pegado en alguna de sus paredes. De ese huevo saldrá una pequeña larva, que se meterá dentro de una larva de la abeja, que está creciendo inmóvil en su celda, y se la irá comiendo por dentro, de a poco, hasta que ya haya crecido lo suficiente. Entonces matará a su huésped (la larva de abeja) y se convertirá en una pupa, para esperar que pase el invierno y pueda salir afuera como una nueva avispa.

Parece algo cruel, cuando lo miramos con ojos humanos, pero así es la naturaleza, y así se mantiene su equilibrio. Siempre hay alguien que se come a otro, y seguramente habrá también alguien que se coma a esa pequeña avispa, quizá si tan cruelmente como sus larvas se comen a las abejas.



Ichneumónido (Ichneumonidae). Un asesino cruel...


 Los Ichneumónidos son unos insectos -por regla general- bonitos y llamativos. Pero tienen un lado malo, su belleza es la belleza de la muerte. Todos los miembros de su familia, que es una familia numerosa y con muchos miembros aún desconocidos, tienen los mismos malos hábitos: son parásitos crueles.


Aunque los métodos pueden ser diferentes, todos ellos se valen de otros insectos o de sus larvas  para alimentar a sus propios hijos.  El de la foto, por ejemplo, deposita dentro del botón de una flor sus huevos, para que cuando la flor se abra, las pequeñas larvas se suban en los insectos que llegan a la flor, para luego parasitarlos, viviendo dentro de ellos y literalmente comiéndoselos por dentro. Cuando al fin los dejan. para establecerse en un lugar fijo, se convierten en pupas, de las que saldrán nuevos ichneumónidos. Cuando abandonan al huésped (el insecto dentro del que se encontraban), éste muere irremediablemente.

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